35 de Umie, año 198

Anoche tuvo lugar la fiesta en la taberna, y todos brindamos y bebimos a la salud de mis compañeros. La música sonaba, la bebida no cesaba y todos parecían muy felices (incluso Yonhas, por extraño que parezca),

Después de un buen rato de juerga, el capitán se puso en pie y mandó llamar al tatuador mientras otras personas apartaban unas mesas y preparaban unos biombos para que nadie viese dónde se tatuaban la marca.

La primera en entrar fue Escarlata, muy segura de sí misma, pero cuando vio la aguja para tatuar chilló, gritó, pataleó y golpeó al tatuador hasta dejarlo inconsciente. Tuvimos que esperar a que el pobre hombre despertase antes de poder empezar, y mientras la bruja se fue concienciando de lo que iba a ocurrir, así que en el segundo intento se portó mejor y, pese a que volvió a gritar y patalear, se hizo el tatuaje. En cambio lo de Aëstin fue más rápido. Entró sin decir palabra y salió con la misma cara inexpresiva. Y después todos me miraron a mí.

Me sentí muy incómodo con todos esos ojos mirándome tan fijamente. Parecía que me estuviesen recriminando que no hubiese superado la prueba, como si los hubiese decepcionado a todos, y me sentí muy mal. Entonces Jius se acercó.

― Yo l-lo sien…

― ¿Pero se puede saber a qué esperas?-, me cortó.

― ¿Eh?

No entendía nada. ¿Qué se supone que debía hacer? Quizás esperasen una disculpa pública, así que me aclaré la voz, me subí a la mesa y dije:

― Siento mucho haberos defraudado a todos. La verdad es que intenté con todas mis fuerzas superar la prueba, pero las abejas fueron demasiado para mí. Os he fallado y lo siento, pero os prometo que entrenaré duro y conseguiré convertirme en pirata.

Tras unos segundos de silencio se desató una risotada general.

― ¡Jajajaja! ¿Pero de qué hablas, Eglomer? ¿Cómo que no superaste la prueba? ¡Jajaja! ¡Anda! ¡Déjate de tonterías y entra ya, que el tatuador te espera! ¡Que no superó la prueba dice! ¡Jajajaja!-, dijo Jius muerto de risa.

Al parecer la criatura a la que debía derrotar era a la reina, considerando al resto de las abejas como las armas de ésta, y pese a que casi muero, lo cierto es que acabé con ella antes de caer abatido, por lo que SÍ superé la prueba.

Jamás me he sentido tan feliz y a la vez avergonzado en mi vida. Después de tantos años soñando con ello, después de tanto esfuerzo, mi sueño se ha hecho realidad. Hoy puedo afirmar orgulloso que, por fin, soy un auténtico pirata. Cómo me gustaría que Cid hubiese estado presente. Seguro que me hubiese dicho “bien hecho, Eglomer” con una gran sonrisa de orgullo.

Casi llorando de la emoción fui junto al tatuador, que me preguntó dónde quería tatuarme la marca. Me costó un poco decidirme, pues al pensar que no había superado la prueba no había pensado en ello, pero al final me decidí por la parte superior de mi brazo izquierdo, así que el tatuador se puso manos a la obra. La marca tiene este aspecto:


También me anunciaron mi mote: “ojos verdes Eglomer”, cosa que no entendí, pues mis ojos nunca han sido de dicho color, así que les pregunté a mis compañeros.

Me dijeron que durante la prueba, justo cuando lancé mi ataque contra la reina, mis ojos empezaron a brillar con un resplandor verde, y de ahí mi apodo. Por supuesto, Aëstin, que todo lo sabe, me explicó más tarde a solas que ese brillo lo producía mi conexión con Ybuflow.

Ybuflow, como ya sabía, se trata de la materialización de una fuente de energía instaurada por los alados para preservar la vida del planeta, y además posee consciencia propia. Lo que ignoraba era que entre la espada y yo se podía llegar a formar un vínculo en el cual su fuerza y la mía se convierten en una (a esto es a lo que Aëstin llama “conexión”), y uno de los efectos que tiene sobre mí es ese cambio de color de ojos.

― Esos mismos ojos fueron los que consiguieron derrotarme en la Wind Island-, dijo el semidragón,- pero en aquel entonces pensé que se trataba de un error. En cambio, ahora Ybuflow ha demostrado que está dispuesta a cederte todo su poder, pero para ello tendrás que buscar la forma de mejorar tu conexión con ella. Es tu responsabilidad.

Bueno, pues tendré que buscar la forma de mejorar la conexión. Quizás si le canto todos los días… con las plantas dicen que funciona.

Después de tatuarnos y de recibir las felicitaciones de todo el mundo nos dijeron que debemos pensar cuál va a ser nuestra bandera pirata, así como el nombre del barco, ya que son “elementos indispensables para cualquier pirata que se precie” (palabras textuales de Yonhas). Tendremos que hacer una reunión de emergencia para decidir esto, y a ver cómo nos las apañamos para avisar a Zippo.

34 de Umie, año 198

Anteayer por la tarde fuimos todos conducidos al exterior del pueblo, donde habían construido una enorme semiburbuja de estructura metálica recubierta con una extraña tela que, según me dijeron, era ideal para evitar que mi criatura escapase.

Cuando llegamos, los presentes se dispersaron alrededor de dicha construcción mientras que yo, ataviado con Ybuflow, era conducido hacia el interior, donde pude ver una pequeña puerta en uno de los laterales. “Por lo menos no es gigante”, pensé, y tras unas breves palabras de Yonhas abrieron la puertecilla, dando comienzo mi última prueba.

Al principio, debido a la poca luz que traspasaba aquella tela, no vi a mi adversario, pero mis ojos no tardaron en acostumbrarse al cambio de luz y pronto pude divisar a la criatura. Mejor dicho, a las criaturas, pues cientos de abejas completamente negras estaban saliendo a gran velocidad por la puerta, agrupándose en la parte alta de la burbuja. Me quedé helado.

Aëstin tuvo un monstruo grande y feo… Escarlata tuvo un bicho grande y feo… ¡Yo debería haber tenido una criatura grande y fea! ¿Dónde tienen la lógica estos piratas? Y en vez de eso, me encuentro con cientos de diminutos insectos a los que apenas veía. ¿Cómo se supone que se lucha contra las abejas?

― ¡Eglomer, ten cuidado! ¡Son abejas negras del este! ¡Si te pican tres veces morirás!-, me gritó Escarlata sacándome de mi aturdimiento inicial.

Lentamente me giré hacia mis amigos y sonreí intentando transmitirles un “no os preocupéis, estaré bien”, pero por las caras de preocupación que pusieron lo debieron interpretar como un “estoy muerto”.

De repente escuché un creciente zumbido, y al girarme vi a todo el oscuro enjambre acercándose rápidamente hacia mí apuntándome con sus largos y puntiagudos aguijones (seguramente me estuviesen culpando a mi de su cambio de residencia y querían venganza). Corrí todo lo que pude hacia un lateral, y entre saltos, volteretas y posiciones imposibles conseguí esquivar la primera oleada de ataques, pero apenas tuve tiempo para alegrarme; las malditas abejas volvían a la carga.

Así estuvimos un rato, ellas atacando y yo esquivando. De vez en cuando conseguía matar alguna abeja o herirla de gravedad, pero rápidamente era sustituida por otras dos idénticas que venían siguiéndola. Era desesperante, y además, el Sol se estaba poniendo muy rápidamente, por lo que mi visión cada vez era peor. Debía acabar el combate antes del anochecer o estaría perdido.

Por el momento sabía que las abejas se comportaban como un solo ente, moviéndose a la vez, tomando idénticas decisiones, anticipándose a mis movimientos… pero no podía ser que todas tuviesen el mismo cerebro, pensando lo mismo, y además, atacaban más violentamente cuando me acercaba a la puertecilla por la que habían salido. “con lo cual la única explicación es que…”, pensé girándome bruscamente hacia la puerta. Un pequeño brillo desde el interior de la misma me confirmó mis sospechas.

Si todas las abejas se comportaban igual era porque todas estaban siendo controladas por un ente de rango superior, es decir, por su reina, y como cualquier otra reina, manda a sus súbditos a encargarse de sus enemigos, protegiendo su integridad refugiándose en la colmena. Por tanto, si conseguía acabar con la reina crearía un vacío de poder, haciendo que las propias abejas luchasen entre ellas mismas, y yo sólo tendría que esperar a que quedasen unas pocas para rematarlas, acabando así la prueba felizmente.

― ¡¡¡¡¡AAAAHHHH!!!!!-, grité.

Absorto como estaba en mis pensamientos no vi que el enjambre se había dividido en dos, atacándome una de las mitades por detrás, y una de las abejas consiguió atravesarme el brazo izquierdo con su enorme aguijón.

Noté como el veneno inyectado se repartía rápidamente por la zona, dejando completamente inerte mi extremidad. La reina, al verse descubierta, decidió dividir a su ejército y crear dos grupos: uno de ataque y otro de defensa, que se situó en frente de la puertecilla a modo de muro de protección.

Esquivé el siguiente ataque con dificultad, pues ahora disponía de menos espacio en el cual moverme, y rápidamente corrí en dirección a la reina intentando salvar su defensa por uno de los laterales, pero fue inútil. Las abejas eran muy rápidas y yo muy lento, de modo que conseguían hacerme retroceder con facilidad, y además no podía dejar de vigilar al equipo de ataque, puesto que aprovechaban cualquier oportunidad para lanzarse a por mí por cualquier lado.

Lo intenté varias veces más, pero mi ataque era siempre repelido y contrarestado con otro ataque, y al final el Sol desapareció en el horizonte dejándome completamente ciego de cara a aquellas oscuras criaturas. Por suerte, guiándome por el sonido era capaz de esquivar, no sin dificultad, sus continuos ataques, aunque no resistiría mucho más aquel ritmo tan frenético. Si quería sobrevivir debía jugármelo todo, entonces fue cuando vi claro lo que debía hacer si quería ganar aquel combate.

Recordando mis continuas observaciones de aves descubrí cómo superar la barrera que me impedía llegar hasta la reina. Las criaturas voladoras por lo general prefieren los lugares altos, ya que ello les permite aprovechar su condición de seres alados para escapar de cualquier posible depredador terrestre, y precisamente esta condición que les ayuda en lugares altos se convierte en una gran desventaja cuando tienen que hacer cualquier cosa sobre la tierra, convirtiéndose en seres lentos y torpes. De este modo, las abejas no podían atacarme si no estaban volando, así que la única forma de pasar a través de esa barrera era justamente por debajo de ellas, por el suelo, cuando alzasen el vuelo para defender a su reina.

Una segunda abeja consiguió inyectar su veneno en mi pierna derecha en uno de los ataques. Apenas tenía unos segundos antes de que ésta se paralizase, así que agarré fuertemente a Ybuflow y corrí todo lo que pude en dirección a la reina. Escuchaba como me seguía el grupo de ataque, y pronto escuche al grupo de defensa en frente de mí, alzando el vuelo, preparándose para recibirme, pero este hecho carecía de importancia, pues mi mente estaba centrada en una sola cosa: acabar con la reina. En el último segundo me tiré al suelo, deslizándome por debajo del muro de abejas, y me levanté justo en frente de la puerta tras la que se ocultaba la reina. En ese momento sentí una sensación agradable y muy familiar: una suave brisa que me invadía, que me reconfortaba, que fluía en mi interior. ¡Era la misma sensación que sentí cuando luché contra Aëstin!

Cuando quise darme cuenta de mis actos, ya había descargado un poderoso estacazo sobre el pequeño habitáculo, partiendo a la reina en dos y agujereando parte de la estructura metálica de la burbuja. Después, fui alcanzado por el grupo de ataque, notando hasta tres picaduras más antes de caer desplomado al suelo.

Desperté esta mañana en mi habitación acompañado de Escarlata y Aëstin. Intenté incorporarme pero fue inútil, apenas tenía fuerzas ni ánimos, todo sea dicho.

― No deberías moverte. Has estado a punto de morir y tu cuerpo todavía está resentido por el tratamiento-, dijo la bruja mientras comprobaba mi estado.- Por suerte, en mi isla nos tuvimos que enfrentar a esas asquerosas abejas negras y sé cómo tratar sus picaduras, aunque confieso que nunca había visto a nadie recibir siete picaduras y ser capaz de sobrevivir.

¡Siete picaduras! ¡Qué barbaridad! Con razón he tardado tanto en ser capaz de moverme (de hecho, todavía me cuesta un poco), y lo peor de todo es que no he sido capaz de superar la prueba. Al final, pese a todos mis esfuerzos, caí derrotado por las abejas.

Según me han contado mis compañeros, tuvieron que esperar a que la población de estos insectos disminuyese (mi teoría sobre el vacío de poder y sus consecuencias fue correcta) antes de poder entrar a por mí. Después me trajeron a mi habitación, Escarlata echó a todo el mundo fuera y se puso manos a la obra. Se pasó toda la noche sin dormir intentando neutralizar el veneno y, aunque no consiguió deshacerse de todo, fue capaz de reducir su eficacia de modo que mi vida no corriese peligro. Además, estuvo cuidándome todo el día de ayer poniéndome paños de agua fría para mantener a raya mi fiebre. Le debo la vida de nuevo.

Mañana por la noche celebraremos el final de la prueba de las tres tibias, y mis compañeros serán tatuados con la marca pirata. ¡Jo! ¡Qué envidia! Y eso que el que quería ser pirata soy yo… pero pese a todo, en el fondo me alegro mucho por ellos. Esta experiencia les ha ayudado a confiar más en sí mismos y en sus posibilidades, y la gente ha reconocido su valía. Y respecto a mi persona, tendré que entrenar más cada día.

31 de Umie, año 198

¡¡AH!! ¡¡¡NO TENGO TIEMPO!!! ¡¡¡MI PRUEBA ES MAÑANA Y NO TENGO NADA ÚTIL!!! ¡¡¡¡¡MIERDA!!!!!

Anoche en la fiesta de celebración (a la que no acudió Yonhas excusándose en un ataque de hipo), Jius felicitó a Escarlata por su impresionante victoria y anunció que mañana será mi combate, puesto que mi criatura ya está lista (venía también con los barcos que zarparon en busca del monstruo de Escarlata). ¡Vale! ¡Genial! Mi criatura está lista… ¡¡¡¡¡PERO YO NO!!!!!

Creo que voy a irme a entrenar que me resultará más fructífero, ya que las observaciones han sido un fracaso.

30 de Umie, año 198

Anoche llegó el barco con la criatura marina, y todos bajamos al embarcadero dispuestos a contemplar el combate. Escarlata andaba nerviosa con su guadaña en la mano y una capa larga con capucha que la cubría por completo. Mientras, un silencio sepulcral se fue apoderando de la escena hasta que lo único que se escuchaba eran los golpes de la guadaña al ir apoyándola en el suelo al compás de sus pasos.

― ¡Que empiece la tercera prueba!-, dijo Yonhas cuando llegamos al oscuro embarcadero.

Escarlata se quedó durante un tiempo observando las calmadas (si no tenemos en cuento el chorro de agua) aguas del lugar en busca de su adversario, aunque no había ni rastro de él. Después, susurró algo y se lanzó decidida al agua, y tras eso sólo pudimos oír lo que pasaba, puesto que la luz de las antorchas no era capaz de atravesar la espera oscuridad de la caverna. Y así fue pasando el tiempo, entre chapoteos, ruidos extraños y movimientos inusuales de agua, pero ni rastro de ninguno de los dos contrincantes.

Cuando empezaban a dolerme los ojos de tanto forzarlos para poder ver algo, se escuchó un grito desgarrador de Escarlata, y acto seguido apareció en nuestro campo de visión siendo zarandeada y arrastrada de un lado a otro por la criatura. Parecía que la bruja estaba teniendo serios problemas para zafarse, y con sólo cruzar una mirada con Aëstin, nos pusimos en tensión a punto de saltar al agua para ayudarla. Yonhas, que se dio cuenta, abrió la boca para mandar que nos impidiesen movernos, pero no llegó a articular palabra alguna.

― ¡Aëstin! ¡Eglomer! ¡Quietos!-, dijo Escarlata mirándonos.- Esta es mi lucha.

Tras eso, volvió a desaparecer en la oscuridad dejándonos al semidragón y a mí clavados en el sitio. Si ella no quería ayuda, por mucho que nos doliese no teníamos ningún derecho a intervenir.

El tiempo se me hizo eterno mientras agudizaba todos mis sentidos en busca de algo que indicase que nuestra amiga seguía viva. Al cabo de lo que a mí me parecieron años, Yonhas alzó la voz para dar por finalizada la prueba y por muerta a la bruja, pero en medio de su discurso se oyó un chapetón muy fuerte y, al girarnos, pudimos ver una enorme cabeza que emergía del agua y se dirigía rápidamente hacia nosotros.

Cundió el pánico. Los piratas se lanzaron hacia la salida del embarcadero entre codazos, patadas, empujones y mordiscos, pero el monstruo se había adelantado a sus movimientos, porque cuando quisieron darse cuenta este les cortó el paso al subirse estrepitosamente a las tablas de madera, dejando a todos sin respiración.

― ¿Vais a alguna parte, miedicas?-, se escuchó una gélida voz detrás de la cabeza.

Acto seguido, apareció Escarlata guadaña en mano, chorreando sangre y la capucha puesta de modo que sólo se podía ver un terrible brillo en sus ojos, y fue entonces cuando vi que lo único que quedaba del monstruo era aquella enorme cabeza. Tras eso, la bruja perdió el conocimiento. Escarlata había ganado el combate, y con esta última escena se ganó el sobrenombre de “Escarlata, la muerte marina”. Y por cierto, tuvimos que llevarla hasta su habitación Aëstin y yo porque los piratas de Yonhas estaban muertos de miedo. Esa imagen de la bruja estoy seguro que no la olvidarán en la vida.

Hoy después de un buen descanso, cuando Escarlata se despertó fuimos todos a su cuarto para que nos explicase qué había pasado en el agua, puesto que no lo pudimos ver.

Tras lanzarse al agua, se apartó lo suficiente del embarcadero para poder encantar su arma sin peligro de ser descubierta (hacerla más ligera, más afilada, más resistente…) y, de paso, aplicarse el hechizo de las branquiorejas a sí misma. Después se zambulló en el agua para buscar a la criatura, pero ésta estaba bien agazapada en la oscuridad de las profundidades, acechando a su presa, observándola.

Escarlata cada cierto tiempo debía subir a la superficie a renovar su hechizo de buceo, y la bestia se dio cuenta de ello, de modo que en una de esas veces se lanzó hacia la bruja antes de que le diese tiempo a llegar a la superficie, la agarró fuertemente con sus enormes mandíbulas y la hundió todo lo que pudo. Pero la bestia no contaba con una guadaña que, misteriosamente, se comportaba de forma inusual debajo del agua, y eso le costó una pequeña parte de su lomo, así como la pérdida de la presa.

La bruja nadó rápidamente hacia la superficie, respirando aliviada al llegar. Sabía que no disponía de mucho tiempo, así que se apresuró a lanzarse el conjuro, pero en monstruo fue más rápido, la enganchó de nuevo, aprisionándole e hiriéndole en una pierna, y la zarandeó sin llegar a sumergirla en el agua. Fue entonces cuando la vimos nosotros e intentamos ayudarla.

Después de dejarnos chafados, pudo finalizar su conjuro antes de ser sumergida de nuevo y lanzada bruscamente contra una de las paredes de la caverna. Con el golpe, Escarlata dejó caer su arma, y acto seguido la bestia se lanzó de nuevo contra ella, pero consiguió esquivar el golpe y nadar para intentar recuperar su guadaña. La criatura, que no estaba dispuesta a dejar que la bruja la recuperase, aprovechando su clara ventaja en el agua nadó hasta situarse de forma que cortó el paso a Escarlata, lanzándose de nuevo a por ella. Ésta, una vez esquivado este nuevo ataque, no tuvo más remedio que alejarse del lugar para salvar la vida, pero con una pierna sangrante al monstruo le resultaba bastante fácil saber dónde se encontraba. Por suerte, la bruja consiguió llegar y subir a una roca que emergía lo suficiente como para quedar lejos de la criatura, y aprovechó el momento para sanarse la herida y reponer un poco las fuerzas. Después cogió una piedra que estaba bañada con su propia sangre y la lanzó todo lo lejos que pudo, de modo que la criatura creyese que se trataba de ella, y después se fue metiendo muy despacio en el agua, procurando no hacer ningún ruido, se sumergió y nadó todo lo rápido que pudo hacia su arma, pero la criatura, dándose cuenta del engaño, nadaba ya detrás de ella con las fauces abiertas. Si Escarlata conseguía llegar antes de ser alcanzada, quizás tuviese ocasión de salvarse; si no, acabaría hecha plancton marino.

¡Y lo consiguió! En el último momento agarró su arma fuertemente con ambas manos, y se giró lanzando un rápido y contundente ataque hacia su adversario que le hizo perder la cabeza (literalmente). Tras eso, y con la ayuda de otro hechizo, llevó la cabeza hasta el embarcadero como prueba de su victoria.

Después de contarnos todo eso, hemos discutido nuestro comportamiento a partir de ahora, pues no podemos olvidar que han intentado matar a Escarlata y, posiblemente, vuelvan a intentarlo. De momento haremos como si no supiésemos nada, y Zippo seguirá infiltrado espiando todo lo que pueda, pero deberemos ser mucho más cautos y no dejar nunca sola a Escarlata. De ahora en adelante, aprovechando que nuestras habitaciones están una a cada lado de la habitación de la bruja, Aëstin y yo nos turnaremos para hacer guardias durante la noche, atentos a cualquier movimiento o ruido extraño.

Ahora, como cada día, me voy a ir a observar las aves antes de entrenar con Aëstin y Escarlata, a ver si consigo algo, y luego iremos a la ya tradicional fiesta en la taberna. La verdad es que no me están sirviendo de nada esas observaciones, ya que sólo he descubierto que las aves no pueden volar con las plumas mojadas, pero si me toca un bicho tan grande como los de mis compañeros (que es lo más probable) o uno sin plumas como Aëstin, no me sirve de nada eso. En fin, suerte que aún tengo tiempo…

27 de Umie, año 198

Esta tarde ha vuelto parte de la tripulación de Yonhas, y han confirmado que en un par de días llegará la bestia marina junto con el resto de la tripulación, por lo que el combate de Escarlata tendrá lugar ese mismo día.

A su vez, Zippo también nos ha visitado esta tarde, y las noticias que nos ha traído no han sido demasiado buenas. El capitán pretende deshacerse de la bruja en la prueba. No es que vayan a dispararle ni nada por el estilo, sino que, aprovechando que no sabe nadar, amañaron la elección para que le tocase la criatura marina como rival, y han elegido una bestia especialmente fuerte para la ocasión. Todo eso lo escuchó Zippo en una conversación entre Jius y Yonhas, y también escuchó algo así como que “a ella no hay forma de controlarla”. Ante esto, se nos plantea un gran dilema: ¿Huimos enfrentándonos nosotros solos contra toda una tripulación pirata? Porque claro, sin barco no podemos irnos; ¿seguimos en la isla y dejamos morir a nuestra amiga en las fauces de ese terrible animal? ¿Hacemos que Escarlata se retire de la prueba? Y en tal caso, ¿cómo reaccionaría Yonhas?

Mientras Aëstin y yo discutíamos sobre qué hacer, Escarlata se puso en pie.
― Voy a hacer la prueba-, dijo muy seria y algo pálida.
― ¡P-Pero… te matarán!-, contesté.
― No, no lo harán.
― ¿Y cómo estás tan segura? ¿Acaso no has escuchado lo que me ha contado Zippo? ¡Van a por ti!
― ¡Precisamente! ¡Les voy a demostrar de lo que soy capaz a esos palurdos!
― Pero…
― Eglomer, no olvides que mi meta es derrotar a Trowzan-, dijo muy suavemente mirándome a los ojos. – Si no soy capaz de vencer a esa criatura, no seré capaz nunca de vengar a mi madre y a mi pueblo…

Desvié la mirada en busca de Aëstin, esperando un poco de apoyo por su parte, pero por lo visto él pensaba que si Escarlata lo había decidido así, así debía ser.
― Ah… estás loca.

Y ya no hubo más que hablar. Después de eso, la bruja se fue con el semidragón a entrenar mientras yo me quedaba con Zippo, que se había quedado dormido en la cama. En dos días se decidirá el destino de Escarlata.

PD: Aëstin ha sido apodado “Aëstin el fugaz”.

Unos pocos extras

¡¡Hola a todo el mundo!!


Menuda prueba la de Aëstin, ¿eh? Personalmente es la prueba que más me gusta de todas, pero bueno, ya opinaréis vosotros cuando lo leáis ^^

Mientras os recuperáis de tanta acción, aquí os traigo un par de extras curiosos. El primero de todos, el diseño de la web que creé allá por mayo-junio del año pasado, antes de decidir utilizar blogger (sí, estuve a punto de ponerme a programar toda una web... toy loco xD).

Y el segundo, un trabajo que tuve que hacer para la universidad. Nos pidieron que creásemos una página de comic y que la pintásemos con tempera. Me pasé una semana entera pintándolo con un pincel mínimo, así que ya puede gustaros. A mi me encanta :D (Las imágenes no se corresponden con la apariencia real de ningún personaje de la historia. Estas imágenes son solo una representación simbólica de dichos personajes).

Y eso es todo por ahora. Cuando rebusque entre mis apuntes y eso ya iré colgando más extras.

¡¡Saludos!!

25 de Umie, año 198

¡Menudo combate el de Aëstin! ¡Ha sido impresionante! ¡Y muy rápido! La verdad es que después de ver lo que he visto no sé si debería nombrarle a él mi segundo de a bordo, pero tengo bien claro que si le gané en nuestro enfrentamiento fue por pura suerte.

Esta mañana, bajo un Sol radiante, hemos partido hacia el extremo oeste de la isla, hacia la cueva donde habita Glowbown (así es como llaman a la bestia). Aëstin, equipado apenas con una ligera pechera de cuero y sus dos flamantes dagas, marchaba al frente del batallón con la mirada bien alta y paso firme. Llegamos antes del mediodía.

Mientras Aëstin seguía avanzando hacia una enorme entrada de cueva, nosotros nos quedamos a una distancia prudencial. La tensión se podía notar en el ambiente, no se oía absolutamente nada más que los pasos del semidragón, y por un momento llegué a temer por la vida de mi amigo.

Aëstin, cuando estaba cerca de la entrada, se sentó en el suelo para sorpresa de todos nosotros, y como era de esperar, la bestia salió de su madriguera al notar al intruso. Cuando asomó su enorme cabeza pude oír algunas palabras de temor entre la tripulación del petirrojo, pero el semidragón permanecía en el suelo sentado, impasible a la presencia del animal, el cual iba acercándose cautelosamente hacia él, rodeándolo, oliéndolo, gruñendo y arañando el suelo a su paso con sus enormes zarpas. Una vez hubo tanteado a su adversario, dio un enorme salto con las fauces abiertas dispuesto a acabar rápidamente con aquello y, de paso, llenar un poco el estómago. Cuando impactó contra el suelo, levantando una gran polvareda, mi corazón se congeló. ¿Había alcanzado a Aëstin?

Al disiparse aquella nube de polvo pudimos comprobar aliviados que el semidragón estaba bien. Había esquivado el golpe de su oponente en el último momento. Ahora estaban ambos enzarzados en una rapidísima pelea en la que Aëstin parecía volar, ya que apenas podía seguirle con la mirada de lo veloz que se movía. La bestia, atónita, apenas podía moverse del sitio. Lo único que podía hacer era intentar esquivar los continuos golpes que Aëstin le lanzaba desde todos los costados a una velocidad de vértigo, haciendo bailar sus dagas de una forma fluida y magnífica que nos dejó a todos atónitos. Además, con el reflejo del Sol en las mismas y la velocidad del semidragón, se creaban dos pequeñas estelas de luz que dibujaban en el aire artísticas figuras llenas de giros y volteretas. Sin duda, fue un espectáculo digno de ver.

La bestia lanzaba inútilmente zarpazos al aire, girando sobre sí misma, intentando descubrir la posición de Aëstin. Sus poderosos rugidos enfurecidos y seguros pronto pasaron a ser débiles y temerosos, y mientras, cientos de golpes eran descargados contra él provenientes de todas partes. Al poco tiempo, la criatura se tumbó en el suelo encogida y temblorosa, adoptando una posición de defensa. En ese momento, Aëstin apareció justo en frente de ella, cara a cara, a apenas unos centímetros de separación entre nariz y hocico, con las dos dagas enfundadas, los brazos cruzados y una cara impasible, y clavó sus ojos desafiantes en los de la bestia. Ésta, le devolvió la mirada gruñiendo, pero unos segundos después salió gimiendo lastimosamente hacia su cueva, presa del miedo. Entonces, Aëstin se dio media vuelta, caminó hacia nosotros con la misma postura, y cuando llegó a nuestra altura dijo:
― Ya podemos irnos. No creo que vuelva a acercarse al pueblo.

Y acto seguido, ante la atónita mirada de los presentes, emprendió la marcha de vuelta a la ciudad mientras los piratas le iban haciendo un pasillo para que pasase. Ni siquiera Yonhas fue capaz de articular palabra al respecto. Pasaron unos minutos hasta que pudimos reaccionar, y la ovación que recibió fue la más grande y merecida que he escuchado en mi vida. De hecho, fue traído de vuelta al pueblo en volandas, y esta noche será la fiesta correspondiente en la taberna.

Más tarde, en un ambiente más íntimo y a causa de mis continuas preguntas sobre sus movimientos y su velocidad, Aëstin nos contó de forma resumida cómo adquirió esa destreza con las dagas.

Todo empezó en la guerra de los alados. Los dragones y los yawes iban perdiendo la guerra, pero sus investigadores lograron de algún modo dotar a los alados de la capacidad de transformarse en humanos, de modo que pronto las filas humanas se vieron repletas de espías alados. Una de estas espías draconianas fue la madre de Aëstin.

La misión de su madre era la de permanecer al lado de uno de los capitanes más importantes del ejercito humano, y extraer toda la información que pudiese sobre él en provecho de la gente de su raza. Pero tras años de convivencia, aquella dragona acabó enamorándose de aquel capitán, y de este modo nació Aëstin, mitad humano, mitad dragón.

Los alados no tardaron en enterarse de este hecho y contactaron con la espía, dejándole bien claro lo que debía hacer: si quería salvar su vida, debía acabar con la vida de su enamorado y de su propio hijo. Como podéis imaginar, no hizo ninguna de las dos cosas. En vez de eso, mandó a Aëstin junto al que fue su maestro en su juventud, ya que era la única persona en la que podía confiar plenamente puesto que dicho maestro, ya retirado, había perdido el contacto hacía ya muchos años con los alados por pequeñas discrepancias, de modo que vivía al margen del pensamiento y del odio hacia los humanos que los alados les profesaban. Después, escribió una carta a su amado explicándole absolutamente toda la verdad, aunque no le dijo qué hizo con Aëstin, y marchó junto a los alados para afrontar valientemente su destino. De este modo, Aëstin fue odiado tanto por humanos por su parte draconiana, como por alados por la traición de su madre.

El maestro crió y cuidó de Aëstin como si de su propio hijo se tratase, y le enseñó todo lo que sabía. Le enseñó a luchar, a valerse por sí mismo, a analizar fríamente las situaciones, a pensar y, sobretodo, a respetar la vida de todo ser viviente. Así, su maestro lo convirtió en un rondador de la noche.

Los rondadores de la noche eran unos adversarios terribles. Se caracterizaban por ser muy ágiles, veloces, silenciosos y hábiles, y por llevar un equipo muy liviano. Eran expertos en el combate cuerpo a cuerpo y en actuar sigilosamente, evitando ser descubiertos por los enemigos. Se decía que eran capaces de manejar cualquier tipo de arma, y un solo rondador de la noche era capaz de acabar con un ejército entero en un abrir y cerrar de ojos. Sin duda, viendo lo que he visto esta mañana, no creo que estas palabras sean para nada exageradas.

Tras finalizar su formación y alcanzar la mayoría de edad, se dedicó a recorrer el mundo, pero siempre fue un inadaptado entre los humanos y, por supuesto, jamás se acercó a los alados, ya que eso le hubiese supuesto la muerte, así que se convirtió en un solitario.
― Pero si fuiste repudiado por alados y por humanos, ¿cómo es que acabaste siendo guardián de Ybuflow en la Wind Island?-, pregunté intrigado.

Los alados al final descubrieron el paradero del hijo de aquella traidora, pero para entonces éste se había vuelto muy fuerte, demasiado. No por nada había sido entrenado por el mejor rondador de la noche de todos los tiempos, de modo que no tenía sentido matarle, ya que les podía ser de mucha utilidad. Por aquel entonces la guerra ya estaba llegando a su fin, y el pacto entre alados y humanos era inminente.

Cuando por fin dieron con Aëstin, le propusieron convertirse en guardián de una fuente de energía, de modo que redimiese toda la culpa de su madre y, así, ser aceptado de nuevo entre los suyos. Aëstin, quién no tenía nada ni a nadie aceptó. Por supuesto, entre los alados hubo muchas quejas y protestas, pero dadas las circunstancias en las que se encontraban no tuvieron más remedio que permitir que Aëstin se convirtiese en guardián.

A lo largo de los años que pasó en la Wind Island, Aëstin ha desarrollado y perfeccionado las técnicas que su maestro le enseño, y ha creado otras nuevas que le permiten aprovechar al máximo su condición de híbrido. Aún así, fue derrotado por mí y, al verse de nuevo sin nada, decidió que me acompañaría allá donde yo fuese, dedicando su vida entera a mi causa. Debe haber sido una vida muy dura.

Tras la charla, Escarlata y Aëstin se han marchado a hacer sus cosas y aquí estoy, escribiendo con pelos y señales los acontecimientos que suceden a nuestro alrededor.

Mañana, aprovechando que es día de desagüe de la isla, parte de la tripulación de Yonhas partirá en busca de criaturas para Escarlata y para mí. En el momento en que regresen, tendremos que enfrentarnos a dichas criaturas, sean cuales sean, así que supongo que antes de la fiesta me iré a observar más aves a ver si logro descubrir algo que me sea de utilidad de cara a mi combate.