48 de Sishira, año 198

“Hoy no ha pasado nada interesante”… Si hace unos días estaba deseando que pasase algo para no escribir eso, hoy desearía poder escribirlo y seguir haciendo el vago.

Tal y como escribí, el otro día me puse a pescar. El tiempo fue pasando y pasando y se hizo de noche, de modo que todos se acostaron excepto yo, que me quedé pescando mientras hacía la primera guardia.

Era una noche tranquila, muy tranquila... demasiado tal vez, y tanta tranquilidad me estaba poniendo nervioso aunque parezca una tontería. Era como la calma del ojo del huracán, como cuando una madre te llama tan dulcemente que sabes que te va a caer una buena, solo que con tu madre sabes dónde está el peligro y en la oscuridad de la noche no.

Estaba tenso, mucho, atento a cada sonido. Algo se movió en el agua, la madera del barco crujió, una pequeña ola chocó contra el casco, volvió a sonar el agua, y de pronto sentí una fuerza tremenda tirando de mí a través de la caña. ¡Algo muy gordo había picado el anzuelo! Me levanté y puse un pie en la barandilla del barco para poder hacer más fuerza. Estiré y recogí un poco de carrete, pero aquel bichejo se resistía. Tiré y tiré con todas mis fuerzas pero aquel animal parecía estar anclado al agua, porque apenas conseguí moverlo. Aún así no me rendí y seguí tirando más fuerte hasta que noté que la tensión desapareció de repente y el hilo de la caña se holgó. “Se ha escapado”, pensé un poco triste, y mientras suspiraba el hilo se tensó de pronto y sentí un fuerte tirón que me hizo caer al agua. ¡Menudo susto me llevé! ¡Con el peso de la ropa, las botas e Ybuflow casi me ahogo! Por suerte pude agarrarme a un cabo suelto que colgaba de la cubierta.

Mientras luchaba por seguir agarrado al cabo, aquella incómoda tensión volvió a invadir mis sentidos. Tal vez aquel animal era un depredador hambriento y había decidido convertirme en su cena, lo cual suponía un gran problema para mí, ya que debido a la velocidad del barco estaba siendo arrastrado por el agua como una persona arrastrada por un caballo a todo galope (solo que a eso habría que añadirle el agua que luchaba frenética por colarse en mis pulmones), así que si aquel bichejo decidía atacarme no iba a poder ofrecer resistencia.

Ocupado como estaba en luchar por mi vida, cuando conseguí subir por la cuerda y vi lo que sucedía en cubierta ya era tarde para hacer cualquier cosa. Por el lado contrario al que me encontraba había aparecido un barco un poco más grande que el nuestro que ondeaba una oscura bandera pirata, y sus tripulantes ya nos habían abordado y tenían a Escarlata y a Aëstin amordazados e inconscientes (de Zippo ni rastro). Mientras pensaba en qué hacer para ayudarles, oí un fuerte golpe y sentí un gran dolor en la cabeza mientras caía en una profunda oscuridad.

Me despertaron al cabo de no se cuanto tiempo tirándome un cubo de agua helado por encima. Me encontraba atado a una silla en el comedor de mi barco, desarmado y rodeado de un atajo de feos y tatuados piratas. De entre estos piratas se adelantó el que intuí era el capitán, ya que era el más feo, el más grande y el más tatuado. Todo su cuerpo estaba dibujado con un patrón de plumas que hacia que, junto a su pelo y su larga barba pelirroja, el pirata pareciese un pájaro.

Se acercó y se agachó hasta quedarse a pocos centímetros de mi cara, y entonces con una grave y profunda voz me dijo:
― ¿Dónde está la mercancía, muchacho?
― ¿Mercancía? ¿Qué mercancía? -. Contesté confuso. A modo de respuesta recibí un brutal puñetazo que me tumbó junto con la silla a la que estaba atado.
― ¡Escúchame pequeñajo! ¡Somos piratas, y a los piratas no nos gusta perder el tiempo, así que o nos dices ahora mismo donde está la mercancía que transportáis o te mato a ti y a tus amigos aquí mismo!
― ¡Pero es que no llevamos ninguna mercancía a bordo! No somos ningún barco carguero. ¡Al igual que vosotros, nosotros también somos piratas!

Un tenso silencio se hizo en la sala. El capitán se acercó más todavía a mi cara y clavó su mirada fijamente en mis ojos, lo cual me hizo estremecerme de arriba abajo. Pero no era momento de ponerse a temblar. Debía demostrarle a aquel pirata que no le tenía miedo (aunque fuese mentira). Yo era el capitán de aquel navío y mis hombres dependían de mí, así que no podía fallarles, sus vidas y la mía dependían de ello, porque si hay algo que tenía claro es que aquellos piratas iban en serio.

Pasaron los minutos, pero aquel grandullón no me quitaba ojo de encima. De hecho, juraría que ni siquiera parpadeaba, y mientras la tensión iba en aumento.
― Así que sois piratas, ¿no? -, dijo finalmente.
― Sí -, contesté.
― Y supongo que tú eres el capitán...
― Así es.

Una súbita carcajada general inundó mis oídos, pero para mi desgracia no podía tapármelos por tener las manos atadas, de modo que escuché frases del tipo “pero si ni siquiera tienen bandera” o “¿y dónde está su tripulación?” entre risotada y risotada.
― Bueno, bueno, chicos, ya está bien. Démosle la oportunidad de explicarse-, dijo el capitán con lágrimas en los ojos al cabo de unos minutos.

Les expliqué que hacía muy poco tiempo que nos habíamos convertido en piratas y que por eso aún no teníamos bandera ni muchos hombres. También les conté un poco lo que pasó en LittleWitch, pero omití que Escarlata podía hacer magia y, por supuesto, oculté todo lo relacionado con la Wind Island, Ybuflow, la verdadera identidad de Aëstin y la existencia de Zippo, ya que por lo visto aquel pequeño compañero había conseguido escapar de las zarpas de aquellos piratas.

Cuando acabé de hablar el capitán se quedó pensativo durante un momento y luego me dijo que era una pena que nos hubiésemos cruzado en pleno mar con ellos, ya que ahora deberían matarnos para no dejar testigo alguno, pero que como realmente creyó mi historia, iba a darme la oportunidad de salvarme a mí y al resto de mis compañeros. Para ello tendría que ganarle a él a una partida de las Black Cards, un juego de cartas que por lo visto estaba muy extendido a lo largo del mundo. El problema es que en mi isla ese juego no era conocido, así que no tenía ni idea de cómo jugar.

Por lo poco que me contaron mientras preparaban el tablero y me conseguían unas cartas, el nombre de dicho juego viene de que, antiguamente, los marinos, la máxima autoridad jurídica en el mar, creaban cartas negras con los carteles de “se busca” de los principales piratas y bandidos del mundo, de modo que podían ir memorizando los nombres, caras y habilidades de dichos criminales mientras pasaban un agradable rato jugando con sus compañeros. Más tarde, este juego de cartas se extendió a navíos, monstruos, armas, banderas y lugares, y, a parte de dejar de ser un juego sólo para marinos, cambiaron el color de las cartas y pasaron a ser de diversos colores según lo que representase la carta (amarillo para los navíos, rojo para las armas...).

En cuanto a normas de juego y eso, me explicaron que las cartas tienen una serie de valores y varias flechas en los bordes llamadas patrullas. El juego consiste en, a través de esas flechas y esos valores, atacar a las cartas de tu adversario para conseguir hacerlas tuyas. El problema de todo esto es que hay muchísimas modalidades de juego, y cuando acabaron de explicare la última, yo ya había olvidado casi hasta mi nombre, de modo que en un abrir y cerrar de ojos me vi sentado cara a cara con aquel pirata, con cinco cartas en la mano y sin saber qué hacer.

― Bien, Eglomer. Jugaremos tres partidas en modo normal, sin fronteras y con nudos. Si te gano, os mato aquí mismo, os robo todo lo que tengáis que pueda serme útil y me largo la mar de contento de aquí. Pero si me ganas...
― Nos dejarás libres -, dije en un arranque de valentía.
― Desgraciadamente no puedo hacer eso, o por lo menos no por ahora. Pero para compensarte, si me ganas no sólo perdonaré tu vida y la de tus hombres, sino que además te enseñaré todo lo que un pirata debe saber. ¿Qué te parece?

Bueno, teniendo en cuenta que no nos iban a dejar marchar por las buenas, no era una mala opción.

Después de decidir quién empezaría el juego a cara o cruz (perdí) empezó aquella batalla con las cartas. En otras circunstancias hubiese disfrutado con aquel juego, lleno de estrategia en el cual hay que dirigir las cartas como si de tropas de un ejército se tratase, anteponiéndote a los movimientos de tu adversario para conseguir dominar las distintas casillas del tablero, pero estaba arriesgando mi vida y la de mis compañeros, y para colmo era la primera vez que jugaba a aquel juego. Aún así, no me explico aún cómo, conseguí ganar el primero de los tres juegos.

El segundo juego no fue tan fácil como el primero. Por lo visto el capitán me había subestimado, pero no estaba dispuesto a dejarme ganar, así que en este segundo juego cambió sus cartas por otras más entrenadas, puesto que las Black Cards pueden ir aumentando su nivel a base de jugar con ellas. Puse todo mi intelecto en juego, pero finalmente acabé siendo derrotado. Todo se decidiría en el próximo juego.

En este último juego, le tocaba al capitán salir, por lo que jugaba con ventaja, ya que al haber sólo nueve casillas en el tablero, quien pone la primera carta, pone una carta más que el otro durante la partida. Aún así no me rendí y seguí intentándolo, pero era inútil. Cada vez que conseguía hacer mía una de sus cartas, él ponía otra y hacía suyas tanto mi carta como la que ya le había ganado, de modo que cuando sólo me quedaba una carta por poner, todas las cartas que había en el tablero eran del capitán. Completamente decaído, coloqué mi última carta sobre el tablero y hundí mi cabeza entre mis brazos. Todo estaba perdido ya, o por lo menos eso pensé hasta que oí un gran “¡Ooohh!” que me hizo mirar de nuevo al tablero, y con asombro vi como el capitán hacía que todas sus cartas pasasen a ser mías. Por lo visto, la modalidad de Nudos de la que habló el capitán a principio de partida es una opción que hace que, si ganas una carta, con esa carta puedes atacar a las cartas colindantes, y así sucesivamente, de modo que con mi último movimiento había desencadenado una serie de ataques en cadena que había hecho que todas las cartas pasasen a ser mías. Pero el juego aún no había acabado. El capitán aún disponía de una carta, y por la cara que ponía, estaba seguro de su victoria. Aún así mantuve la esperanza, y cuando alargó su mano para colocar su carta contuve la respiración dispuesto a observar qué ocurría.

Las cartas que antes eran mías fueron lentamente pasando una a una al bando del capitán, tan lentamente que me fui poniendo morado, ya que de la tensión y los nervios se me olvidó respirar de nuevo. Como tardase mucho más iba a desmayarme.

― Chico, no sé cómo lo has hecho, pero enhorabuena, me has dado una paliza.

¡Lo había conseguido! ¡Había salvado a mis compañeros y a mí mismo!

Mientras daba saltos de alegría, me trajeron mi diario de juego, una serie de hojas en las cuales se lleva un registro de las partidas y de los adversarios a los que ganas, y por cada partida ganada puedes aumentar cualquiera de las características de una de tus cartas. Así, cuantas más partidas ganes, más fuertes son tus cartas. Además, para evitar hacer trampas, el perdedor debe firmar en tu diario de juego como que ha perdido, de modo que luego puedas justificar el nivel que tienen tus cartas.

― Bien, ahora que ya no vas a morir, permíteme que me presente en condiciones. Soy Yonhas, el petirrojo, y todos estos hombres son los miembros de mi tripulación.

Después de eso, trajeron a Aëstin y a Escarlata junto a nosotros, y tras explicarles brevemente lo que había pasando, Yonhas y sus hombres ataron nuestro barco al suyo mediante unas grandes sogas y volvieron a su navío para poner rumbo a la isla donde tenían su sede, la Isla Imposible. Pregunté por qué se llamaba así, pero me dijeron que lo descubriría cuando llegásemos. ¡Ah! Y por supuesto no nos dejaron arma alguna.

El resto de la noche, mientras éramos remolcados por el barco de Yohnas, la tripulación al completo tuvimos una charla sobre cómo estaban las cosas y sobre lo que deberíamos hacer. Llegamos a la conclusión de que de momento haríamos como si confiásemos en Yonhas y su gente, pero que estaríamos atentos a cualquier movimiento extraño. Además, Zippo seguiría oculto observando cada movimiento del petirrojo, y prestaría su ayuda en caso de que la necesitásemos. Después de eso, nos fuimos a dormir todos excepto Aëstin, que se quedó haciendo guardia. Aún así, no pude dormir mucho.

Ya por la mañana apenas pasó nada interesante. Me pasé al barco de Yonhas porque quería preguntarle un par de dudas sobre las Black Cards, pero sus súbditos no me dejaron verle ya que “el capitán está muy ocupado en estos momentos”. Seguro que estaba durmiendo a pierna suelta.

Como no podía hablar con el petirrojo, aproveché para jugar un par de partidas con sus súbditos y, de paso, intentar sonsacarles algo de información. Lo que pude averiguar es que Jonhas es uno de los tres piratas más buscados y peligrosos de los mares del norte en los que estábamos. Los otros dos eran Idulfio el cisne y Autero el tucán. Al parecer, los tres pertenecían a la gran tripulación del pirata Halcón, la cual tenia el dominio de todo el mar del norte, pero estos tres personajes se agruparon y se amotinaron contra su capitán, de modo que le arrebataron el poder y se repartieron los territorios en partes iguales. Desde entonces, Johnas, Idulfio y Autero sólo se reúnen una vez al año para celebrar el año nuevo.

― ¿Y qué pasó con Halcón? -, pregunté.
― Sólo hay un destino para un capitán con una tripulación amotinada-, contestó el pirata mientras me pasaba su dedo pulgar por el gaznate.

Después de eso la verdad es que se me quitaron las ganas de seguir hablando del tema, así que pregunté por qué los tres grandes piratas del mar del norte tenían un mote, y me dijeron que todos los piratas deben tener un mote.

― ¿Acaso tú no tienes uno?-, me preguntaron incrédulos.
― No.
― Pues deberías darte prisa en buscarte uno antes de que te lo pongan los demás si no quieres acabar llamándote “el meón”, “el bragas sucias” o similares.
― Err… lo tendré en cuenta, gracias. ¿Y qué hay del Halcón? ¿Cuál es su mote?
― “Halcón” es el mote. Lo que nadie ha sabido nunca es su verdadero nombre. Hay quién dice que lo borró incluso de su memoria a causa de un pasado turbulento, pero sólo son suposiciones.

Después de acabar la partida que teníamos a medias y de hablar de unas cuantas banalidades más, volví a nuestro navío y durante la comida les conté a todos mis camaradas lo que había averiguado (y Zippo me confirmó que el petirrojo se había pasado toda la mañana roncando). Para mi sorpresa, a ninguno parecía sorprenderle el hecho de que se hubiesen cargado a Halcón.

― A fin de cuentas, es el único que podría quitarles de nuevo el control del mar del norte -, dijo seriamente Aëstin.

Quizás es cosa mía, pero yo al petirrojo no lo veo tan mala persona. Al fin y al cabo, es un pirata, y tal y como mi gran amigo Cid me repetía una y otra vez, de todos es bien sabido que los piratas son hombres decididos, valientes y nobles que surcan el mar en busca de aventuras. Un pirata no puede ser una mala persona.

Como sea, el resto de la tarde lo pasé echando la caña al mar, a ver si aquel maldito pez que me tiró al agua se atreve a volver a picar y darle su merecido. Por desgracia, no hubo suerte.

Hoy, aprovechando mi entusiasmo por las Black Cards he estado de nuevo en el navío de Yonhas, pero no he averiguado nada más, y Zippo tampoco. Creo que la única forma de averiguar algo realmente será hablar con el capitán directamente, si es que despierta algún día.

6 comentarios:

Kudasaru dijo...

Bárbaro!
de la inactividad a la presión!
Esperoq averigüéis muchas cosas y que podáis iros pronto de las garras del petirrojo, no mola nada ser escoltado:P
Ah!
muy ocurrente lo del juego!^^tiene que ser una vacilada echar una partida a eso, y más ganarla sin tener ni idea.
ERES GENIAL!
A X +, A X +!!!!!!!!!!!!!!

Malfuin dijo...

Wow... Lo de las Black Cards me ha recordado un poco a Magic ^^ Tiene que estar bien.

En cuanto a la historia, tambien me parece que te ha quedado sorprendente, no me lo esperaba. Tengo ganas de saber el apodo de Eglomer, pero supongo que ya nos enteraremos :P

Saludos! ^^

Nemârie dijo...

Eglomer el rey de las Black Cards? :P

Pero no, no puede ser... xq yo soy capaz de ganar a Eglomer en las Black cards... o no? :P

Su primera partida me ha recordado mucho a cierta partidita en mi casa... "te has leído las reglas?" "sí, pero me las explicas?" "Vaaaale... a ver..." ... ... ... (5 minutos más tarde) bueno, jugamos y aprendo sobre la marcha... pero con lo de que de aquí pasa a aquí... el "pim pim pim" y... lo de girar las cartas no estoy segura de quererlo... :P

Anda, saludines! ^^. A ver si continuamos pronto que quiero saber donde está Zippo!!!! :P

Nemârie dijo...

¬¬ ya me has vuelto a ganar Malfuin... voy a dejar de avisarte, que me haces quedar mal! =P

Eglomer dijo...

Querida Nemâ, sabes perfectamente que si ganaste aquella partida fue porque te dejé ganar, y de hecho te lo demostré. Así que sigo siendo el mejor :P

Malfuin, el apodo de Eglomer hace tiempo que está decidido, pero, por supuesto, es alto secreto... jiji. Vais a tener q esperar. Y las Black Cards es un juego inspirado en los juegos de cartas del final fantasy VIII y IX, por si los has jugado.

Kudasaru, como sigas piropeándome así me vy aponer colorao!! Un besote!

Gracias a tod@s!!

Kizuro dijo...

Yeah primico xDDDD

Espero que aun te acuerdes de mi... se que hace siglos que no hablamos, y otros cuantos mas que no leo tu blog pero.. bueno, todo puede volver a empezar :D


Wii Wii!!

Sergi xD