47 de Aile, año 198

¡Rayos! ¿Es que uno no puede descansar un par de días? ¡Acabo de salir de una misteriosa isla donde casi la palmo y ya estoy otra vez en un lío!

Hacía apenas una hora que habíamos decidido acostarnos cuando un grito desgarrador surcó los cielos y nos despertó. Nos reunimos los tres en torno a unas brasas humeantes y, mientras discutíamos qué clase de criatura podría haber causado tal sonido, lo volvimos a escuchar, más fuerte, más claro… más cera… Así que decidimos ir a ver de qué se trataba.

Mientras nos acercábamos hacia el foco del que venían los discontinuos gritos, vimos a lo lejos un tenue resplandor que, dedujimos, se trataba del brillo de unas antorchas. Y no nos equivocamos. Al llegar pudimos ver a un gentío reunidos en torno a un mismo punto del que venían los gritos, pero como desde nuestro punto de vista no alcanzábamos a ver de qué se trataba, fuimos bordeando el lugar sigilosamente hasta dar con un sitio desde poder ver qué pasaba y qué era lo que gritaba de aquella forma tan siniestra y desesperada. La verdad, me quedé sobrecogido con lo que vi.

Resulta que todo el gentío que había allí estaba en torno a una gran pira de maderas, encima de la cual estaban atando a una joven a un tronco vertical. ¡Pretendían quemarla! ¿Cómo puede existir gente tan salvaje en este mundo? La verdad, aún no me lo creo. El caso es que teníamos que hacer algo, no podíamos dejar que aquella muchacha muriese de aquella forma tan horrible. Pero, ¿qué hacer? ¡Éramos tres (o mejor dicho, dos y una pelota) contra cien personas aproximadamente!

Mientras discutíamos a toda velocidad cómo rescatar a aquella chica, los preparativos de aquel siniestro ritual acabaron. La chica, atada, gritaba y pedía auxilio con todas sus fuerzas, pero nadie movía un músculo para ayudarla. Todos miraban, en silencio, como aquella pobre muchacha se retorcía brutalmente en un intento desesperado de librarse de sus sogas, pero por desgracia para ella, sus captores las habían apretado bien.

Llegado a este punto, un hombre bajito y rechoncho se colocó al lado de la pira, desenrolló un pergamino y empezó a leer:
― Escarlata Luu, después de ser acusada, juzgada y declarada culpable de practicar la brujería, el pueblo de Ízenwii te condena a morir en la hoguera, donde tu cuerpo será purificado y tus pecados perdonados. ¿Deseas decir tus últimas palab…?
― ¡Anda! ¡Una barbacoa! ¿Podrían darnos un par de chuletas para mi amigo y para mí? Acabamos de realizar un largo viaje y estamos un poco hambrientos y cansados.

Sí, así tal cual irrumpimos Zippo y yo en aquella multitud, dejando a todo el mundo completamente descolocado. Tanto les sorprendió nuestra llegada que incluso la prisionera quedó completamente en silencio. Pasados unos minutos bastante incómodos, el hombre rechoncho al que había interrumpido se acercó a nosotros y nos dijo con muy malos modales:
― Lo sentimos mucho, pero esto no es ninguna barbacoa, así que vamos a tener que pedirles que usted y su… mascota den media vuelta y vuelvan al lugar de donde han venido.
― Vamos hombre, no sea usted así, que hemos recorrido muchas millas para poder llegar hasta esta isla. De hecho, vinimos precisamente porque unos amigos nuestros nos dijeron que aquí se hacían las mejores barbacoas de todo el mundo. Venga, si sólo son un par de chuletitas más. Si quiere se las pagamos.

Se notaba que aquel hombre estaba perdiendo la paciencia. Cada vez estaba más rojo de ira, y lo peor de todo es que todas las demás personas que estaban allí reunidas se estaban acercando peligrosamente hacia nosotros con cara de pocos amigos. Pero teníamos que intentar ganar un poco más de tiempo.

― ¡Ya se! Mi amigo Zippo sabe hacer varios trucos. ¿Qué tal si se los enseño? Mirad. Venga, Zippo, salta atravesando mis brazos-. Dije mientras formaba un aro con mis extremidades y Zippo muy obedientemente se acercó corriendo y saltó a través de mis brazos.- ¡Muy bien, chico! Venga, otra vez. ¡Ese es mi campeón! Vale, ahora más difícil. ¡Estupendo! A ver si eres capaz de hac…

Unos musculosos brazos me sujetaron con fuerza por detrás y me levantaron en el aire. Aquel hombre rechoncho se acercó un poco más y con ira contenida me dijo:
― Ya le he dicho que esto no es ninguna barbacoa, así que si estima en algo su vida y la de su amigo, salgan de aquí inm…
― ¡Ahhh! ¿¡Pero qué haces!? ¡Suéltameeeeeeeee! ¡Qué me sueltes he dicho!

Todos los pueblerinos se giraron hacia donde se encontraba la muchacha y vieron a Aëstin cargándose a la joven a hombros y salir corriendo mientras ésta no paraba de gritar y patalear intentando zafarse de su salvador. De locos, ¿verdad?

― ¡Está ayudando a la bruja! ¡Él también es un brujo! ¡Que no escape!

Y medio pueblo se lanzó tras ellos. Aprovechando la confusión que se creó, un buen mordisco de Zippo y una patada bien dada, conseguí librarme de aquellos poderosos brazos, cogí a Zippo y salimos corriendo en dirección opuesta a la de Aëstin, de modo que tuvimos a la mitad del pueblo que no le perseguía a nuestras espaldas.

Corrí y corrí todo lo que pude, intentando cambiar la dirección de vez en cuando, hasta que finalmente conseguí perder de vista a nuestros perseguidores. Aún así, esperamos un rato hasta asegurarnos que se habían tranquilizado medianamente las cosas antes de emprender el camino de vuelta hasta la playa.

Cuando llegamos, Aëstin nos esperaba, y Escarlata yacía inconsciente a su lado.

― Tuve que darle un buen coscorrón para que se callase. Sus gritos no hacían más que delatar nuestra posición-. Se excusó Aëstin.

Tras una breve discusión, decidimos que lo mejor que podíamos hacer era volver a nuestro barco, ya que allí estaríamos más seguros de aquel gentío que en medio de la playa. Una vez allí, colocamos a la joven en un camarote, y Aëstin se quedó con Zippo a hacer guardia mientras yo me fui a dormir (ventajas de ser el capitán).

Ya por la mañana encontré a Aëstin tal y como lo dejé la noche anterior, atento, vigilante. Se nota que tiene experiencia en eso de ser guardián. En cambio Zippo es otra cosa. Como ya he dicho anteriormente, es un bicho bastante despreocupado.

Le dije a Aëstin que se fuese a dormir un rato, mientras yo me ponía cómodo apoyado en la puerta del camarote. Y pasaron las horas, leeeeeeeeeeeentamente, hasta que fue la hora de comer, pero la muchacha seguía sin dar señales de vida. Acabamos de comer y Escarlata seguía sin salir, hasta que ya bien entrada la tarde decidimos entrar a la habitación y pudimos comprobar con estupor que la muchacha no estaba. ¡Se había esfumado! Pero, ¿cómo había conseguido salir de una habitación sin ventanas y con la única salida vigilada? ¿Acaso Aëstin se había quedado dormido? No, no podía ser eso, de modo que investigamos a fondo la habitación y descubrimos una especie de círculo mágico dibujado en el suelo. ¡Dios mío! ¡Era una bruja de verdad!

De acuerdo, lo confieso. Cuando la rescatamos no creía de verdad que fuese una bruja. Y la verdad, ahora que sabía que lo era de verdad, me alegré de que se hubiese ido. Siempre me han dado mucho miedo los cuentos de brujas y fantasmas, y aunque en este caso no tenga una nariz ganchuda con la cara llena de verrugas, las manos arrugadas y los dientes podridos, no deja de ser una bruja y, por tanto, un peligro.

Pero para mi desgracia, ya casi en el ocaso del día escuchamos en la cubierta del barco la voz de Escarlata pidiendo ayuda y, a lo lejos, los gritos de una multitud enfurecida. ¡La muy bribona había vuelto y se había traído detrás a toda la aldea! Pero ya habría tiempo para aclarar las cosas después. Aquellos pueblerinos no tenían barcas pero sabían nadar, y ya habían hecho más de la mitad del camino hasta el barco. Desplegamos las velas a toda velocidad e izamos el ancla, y lentamente el barco se empezó a mover arrastrado por el viento y las corrientes marinas. Al poco tiempo dejamos atrás a los pueblerinos, que intentaban inútilmente seguir al barco a nado.

Fuimos siguiendo la costa, la cual fue pasando paulatinamente de unas anchas y arenosas playas a altos y escarpados acantilados. De pronto, el barco quedó atrapado en una rápida corriente que nos hizo cambiar el rumbo y dirigirnos a toda velocidad hacia tierra firme. Apenas tuve tiempo de reaccionar. Me tiré al suelo y me cubrí la cabeza con las manos, esperando chocar en cualquier momento contra las rocas. Pero pasaron los segundos y el golpe no llegaba, así que levanté nuevamente la cabeza y vi que el barco estaba otra vez navegando paralelamente a la costa. ¿Cómo era posible? Después de una rápida inspección a la cubierta del barco encontré la respuesta.

Escarlata estaba de pie con los ojos entreabiertos, sujetando el timón del barco y recitando una serie de palabras incomprensibles en voz muy muy baja. ¡Había hechizado el barco y lo estaba dirigiendo con su magia! Puede que no me gusten las brujas, pero en ese momento le estuve muy agradecido por habernos salvado la vida.

Una vez acabaron los acantilados y volvieron las arenosas playas, desembarcamos y buscamos un lugar donde escondernos, por si los pueblerinos decidían seguirnos hasta allí. Al final encontramos una cueva lo suficientemente grande como para meternos los cuatro, y Aëstin y yo empezamos a bombardear a Escarlata a preguntas, pero ella nos cortó inmediatamente con un gesto y dijo que necesitaba descansar. El tener que dirigir al barco la había agotado, así que se dio media vuelta, se acostó y a los pocos minutos pudimos comprobar que su respiración se había vuelto más pausada y regular. Aëstin y yo decidimos que era una tontería hacer guardia, puesto que, si quería, iba a desaparecer igualmente, así que optamos por dormir y descansar nosotros también. Aëstin no tardó mucho en dormirse, pero yo aquí sigo, completamente desvelado. Y es que no puedo dormir tranquilo estando junto a una bruja de verdad. Cada vez que cierro los ojos me vienen a la mente todos los cuentos que me contaron de pequeño sobre las brujas, y desgraciadamente ninguno de ellos es bueno. Así que nada, intentaré por lo menos descansar el cuerpo y disfrutar de la noche, y mañana ya se verá lo que pasa.

3 comentarios:

Kudasaru dijo...

JAJAJJAJA, ES GENIAL!
HEMOS VUELTO A LOS TIEMPOS DE SALEM!
ME HA ENCANTADO EL NUMEITO DE CIRCI CON LA BOLA PELUDA!, DIGNO DE VER, Y SOBRETODO DIGNAS DE VER LAS CARAS DEL PÚBLICO.
JAJJAJAJAJAJ
UN ÉXITO EGLOMER!

Nemârie dijo...

Pobrecillos... si es que no levantan cabeza... pero zippo se sale *-*. Es genial!!! ^^

Weno, sigo leyendo :D

Anónimo dijo...

JOAN
Me ha encantado este capitulo sobretodo por Zippo es el mejor haciendo cossa que mono que es y que Eglomer no se procupe por la bruja puede ser muy util la magia ayuda siempre que uno desee.
I eso piratas no me gustan los de la hoguera espero que no te los vuelvas a encontrar te matarian y o seguiria tu diario.
Pero bueno tambin tengo que hablar del dragon que ahora me gusta tambien puede servir de alluda y mucho.
De tu nuevo y pequeño amigo.