01 de Ilice, año 198

¡Uff! Han pasado muchísimas cosas estos días y estoy bastante cansado, así que esta anotación será lo más breve posible.

El día 47 partimos de la Isla Imposible y dos días después, un tiempo que se me hizo eterno, atracamos en el pueblo de Nombarlock. Como ya era bastante tarde, apenas nos dio tiempo a dar una pequeña vuelta por el lugar, pero por lo que vi Yonhas no era para nada desconocido ni temido en el lugar. Después fui conducido a una habitación de una pequeña casa de madera donde me sirvieron una suculenta cena. Tras eso, me tumbé en la cama y esperé pacientemente.

Zippo no tardó en llegar a mi cuarto, pero no tenía nada nuevo que contar, de modo que se limitó a comerse parte de mi cena que le había reservado y, cuando acabó, se dirigió hacia la ventana con intención de marcharse a buscar algún sitio donde refugiarse y pasar la noche, pero mientras se marchaba escuché algo que me hizo detenerle.

― ¿Has oído eso, Zippo?-, le pregunté.

Algo extrañado me dijo que no, y regresó hacia donde yo estaba, sin provocar ningún ruido sospechoso. Aún así, yo estaba convencido de haber escuchado algo como un tablón suelto o hueco, así que se lo expliqué a Zippo y nos pusimos a buscarlo.

Lo encontramos pronto y, con la ayuda de una cuchara, conseguimos levantarlo y descubrimos un pequeño cuaderno polvoriento con el lomo lleno de dibujos. Al abrirlo nos encontramos con el diario de una joven adolescente del pueblo. En él, esta joven describía la llegada de los piratas de Yonhas al pueblo vecino, que arrasaron por completo, como los habitantes de Nombarlock prepararon una resistencia para resistir la embestida corsaria, como sufrieron un largo y cruento asedio y, en las últimas páginas, cuenta como los piratas irrumpen en la ciudad de noche y van asesinando a cada persona que se cruzan, acercándose cada vez más a aquella casa. Antes de ser asesinada junto al resto de su familia, la joven consiguió esconder su diario bajo aquel tablón donde ha permanecido hasta nuestro descubrimiento. Estábamos, por tanto, en un pueblo pirata.

La vista se me nubló mientras una creciente ira se apoderaba de mi cuerpo. ¡Con razón aquellos pueblerinos parecían felices de ver a Yonhas! ¡Era su capitán! El mismo capitán que asedió y atacó aquellos pueblos hasta hacer desaparecer a sus gentes, y aquello era algo que no podía dejar pasar. Una fuerte punzada en la pierna derecha me devolvió a la realidad y me vi a mí mismo en el umbral de mi habitación, Ybuflow en mano, y a Zippo mordiéndome la pierna con todas sus fuerzas para detenerme.

Pese a mi resistencia, Zippo consiguió calmarme y me hizo pensar que Escarlata y Aëstin podrían correr grave peligro si atacaba a Yonhas por las buenas, así que respiré muy hondo y decidí posponer la venganza del pueblo y de sus gentes para otro momento, guardé el diario de la niña donde estaba y me acosté aún con la rabia en el cuerpo mientras Zippo salía sigilosamente de la habitación.

Al día siguiente bien prontito partimos Yonhas, Jius, un par de hombres más y yo en busca de aquel pequeño tesoro del que me habló el petirrojo en la Isla Imposible, y pese a que ellos se mostraban bastante animados y parlanchines, yo apenas abría la boca mientras intentaba controlar aquella ira irracional que surgía de mi interior.

Cuando por fin llegamos a la cima de una pequeña colina, en cuyo otra ladera había un profundo y escarpado barranco, los dos hombres que nos acompañaban se pusieron a cavar mientras el resto nos sentábamos tranquilamente a la sombra de un árbol a esperar. Durante la espera, Yonhas y Jius hicieron muchas bromas pero, llegado un determinado momento me asaltaron con algo que me dejó clavado en el sitio: querían que nos uniésemos a su tripulación.

Por suerte, antes de poder responder lo que en aquel momento se me pasaba por la cabeza, aparecieron los dos hombres de Yonhas portando un pequeño cofre sucio dejaron frente a su capitán. Este sacó una pequeña llave que llevaba colgada en el cuello, abrió con ella el cofre abriéndolo con cuidado y echó un ojo a su interior. De pronto, su cara se desfiguró en una mueca horrible mezcla de horror e incredulidad, y con las manos temblorosas sacó un pequeño papel del interior del cofre. Tras leerla, rojo de ira y sin mediar palabra alguna, desenvainó la espada que llevaba en la cintura y se la insertó en el pecho a uno de sus hombres, que pillado por sorpresa no pudo hacer nada más que ver incrédulo como su capitán le arrebataba su posesión más preciada: la vida.

Pese a lo horrible de la escena mis ojos no podían dejar de mirar a aquel pobre hombre atravesado por la espada. ¿Qué había hecho? ¡Si ni siquiera había abierto la boca! ¿Cómo podía un capitán tratar así a un subordinado, decidiendo si vivía o moría?

Mientras mi mente no paraba de buscar una explicación a aquella situación incomprensible, Yonhas había sacado su espada del cuerpo sin vida de su subordinado y, apoyando la punta de esta en el cuello del otro hombre, le dijo conteniendo su ira:

― ¡¿Acaso creéis que esto es un juego?! ¡Maldita sea! ¡O me dices ahora mismo qué habéis hecho con la gema o te juro que te atravieso tu maldito gaznate ahora mismo!

El hombre balbuceó algo casi incomprensible, pero daba a entender claramente que no tenía ni idea de lo que le estaba hablando su capitán, pero este, descontento con la respuesta obtenida, alzó su espada dispuesto a acabar con él. En el último momento su espada se topó con la mía.

El intento de asesinato de Escarlata, el saqueo en la isla anterior, el contenido del diario de aquella joven, la muerte de aquel hombre… era más de lo que mi sentido de la justicia era capaz de aceptar. Había llegado el momento de detener a Yonhas, fuese por las buenas o por las malas.

Jius desenvainó su espada incrédulo por ver como había detenido y desafiado a su capitán, pero el petirrojo lo detuvo con un gesto.

― Tranquilo, Jius, no pasa nada-, le dijo, y dirigiéndose a mí añadió- Eglomer, hasta ahora he sido bueno e indulgente contigo. ¡Hasta te he ofrecido formar parte de mi tripulación! No permitas que una estupidez como esta estropee esta bonita relación.

― ¡¿Estupidez?! ¡Acabas de matar a un hombre a sangre fría y sin motivo alguno! ¡¿A eso le llamas tú una estupidez?!

― ¡Pues claro que sí! No hay que olvidar el hecho de que soy el capitán de la tripulación y mis hombres están a mi absoluta disposición, y si yo considero que uno de ellos debe morir, morirá sin que nadie tenga nada que decir al respecto.

― ¡Un capitán no existe para controlar de ese modo las vidas de sus camaradas! ¡Un capitán debe proteger siempre a los miembros de su tripulación, no acabar con ellos a su antojo como lo has hecho tú!

― ¡Bobadas!

― ¿Y qué me dices del saqueo del otro día? ¿Y de la gente que vivía en esta isla antes de que acabases con todos ellos? ¿Crees que soy imbécil y que no me he dado cuenta de que esto es una isla llena de gente de tu tripulación? ¡No eres más que un sucio asesino!

― Te aconsejo de moderes tu lenguaje, calamar, si no quieres acabar clavado como un pincho moruno-. Había conseguido enfadarle.

― Adelante. Inténtalo si quieres, pero ten por seguro que no dejaré que mates a nadie más. Tu reinado de terror termina aquí.

― ¡Jajaja! Y por supuesto serás tú quién me detenga, ¿no?

― Así es.

Yonhas alzó su espada con una mano y la descargó con fuerza sobre mí. Bloqueé su ataque con Ybuflow, pero la fuerza del petirrojo era tal, que mis piernas no pudieron soportar aquella embestida y se doblaron obligándome a hincar una rodilla en el suelo. Entonces, con una sonrisa de superioridad en sus labios me dijio:

― Me gustará ver cómo lo intentas.

Cogí aire, tensé mis músculos y conseguí deshacerme de la presión de su ataque. Rodé hacia un lateral y me lancé directo a por Yonhas con la espada en alto.

Notaba mi cuerpo más ligero que de costumbre, y también sentía una familiar brisa que me envolvía. Sin duda, se trataba de la energía emanada por Ybuflow fluyendo a través de mi cuerpo como consecuencia de la apertura de nuestra conexión, prestándome su fuerza. Pese a ello, Yonhas detuvo mi espada con facilidad, lanzándome un rápido contraataque que me cortó varios pelos de la cabeza. ¿Cómo podía tener tanta agilidad y fuerza alguien que se pasaba el día tumbado sin apenas moverse?

Lancé un ataque tras otro sin descanso, encadenándolos con mil movimientos distintos, lanzándolos desde todos los ángulos posibles, pero el resultado era siempre el mismo. Yonhas los repelía todos con una facilidad tan asombrosa que no hacía más que aumentar mi grado de frustración, de modo que decidí retirarme durante unos instantes para analizar la situación, escondiéndome detrás de una gran roca que había.

― ¡Vamos, Eglomer! ¡Déjate de tonterías! ¡Ya has comprobado que no tienes nada que hacer contra mí! ¡Y esta pelea hace ya tiempo que ha dejado de tener sentido! ¡La persona por la que estás luchando ya está muerta!

Casi sin respiración me asomé y vi como Jius descansaba tranquilamente sentado encima del cuerpo ya sin vida de su propio compañero. Por orden del petirrojo había acabado con su vida sin que me diese cuenta. Yonhas había matado a ese hombre a través de Jius cuando yo estaba luchando para evitar precisamente derramamientos de sangre como aquel. Era intolerable.

Lentamente salí de mi escondite y avancé hacia mi adversario. La suave brisa de viento fue en aumento a medida que me acercaba a Yonhas, que mostraba una amplia sonrisa de satisfacción, y me conducía hacia él. Ybuflow debía tener tanta sed de venganza como yo.

Me lancé una y otra vez hacia él, siempre con Ybuflow por delante, pero mi ataque siempre era desviado y mi espada acababa haciendo un pequeño agujero en el suelo, de manera que pronto la zona quedó llena de pequeños socavones y fue entonces cuando puse en marcha el plan que borraría aquella estúpida sonrisa de la cada del pirata.

Me coloqué de forma que el viento soplase a mis espaldas y fuese directamente hacia Yonhas, clavé a Ybuflow en el suelo y, un momento después, la arranqué fuertemente y empecé a dar vueltas sobre mí mismo haciendo que la punta de la espada fuese rozando el suelo continuamente. Esto hizo que la tierra suelta de los agujeros y la que la propia espada levantaba en aquel momento crease una gran nube de polvo que, arrastrada por el viento, llegó hasta Yonhas en unos segundos. Cuando esto ocurrió, me lancé de nuevo al ataque.

Yonhas, aún con la visión mermada, me vio aparecer y dar un gran salto para atacarle desde arriba, así que levantó su espada para bloquearme. Lo que no se esperaba era que le atacase con la vaina de la espada y no con el arma, de modo que cuando quiso rectificar ya era demasiado tarde pues yo ya había soltado la vaina y aterrizado en el suelo aferrando a Ybuflow con ambas manos. Le lancé un mandoble de abajo hacia arriba que no pudo esquivar y su pecho se vio de pronto surcado por el frío metal de Ybuflow, dejando ésta a su paso un reguero de sangre y muerte.

El capitán se desplomó boca arriba, luchando por mantenerse con vida, mientras la nube de polvo se iba disipando poco a poco.

― ¿Por qué? – le dije mientras me acercaba a él. - ¿Por qué dejaste atrás los ideales de Arthimor? ¿Acaso no eres un pirata? ¿Acaso no juraste navegar en pos de la verdad?

― N-No seas idiota… Arthimor no era m-más que… un soñador idealista… igual que tú… … … En este mu-mundo sólo existen los fuertes y los d-débiles… y los débiles deben obedecer a-a los fuertes y… servirles… … si no lo hacen, merecen la muerte.

― ¡Eso son tonterías! ¡Es justamente al revés! Los fuertes tienen el deber de proteger a los débiles, no de aprovecharse de ellos. Por culpa de idiotas como tú, la gente teme a los piratas y los toman por asesinos y delincuentes. Ese no es el ideal pirata de Arthimor, y el mío tampoco.

― Ja-ja-ja… Eres tan idealista y soñador como lo fue él… y pe-pensar que me has derrotado… por lo menos moriré contento sabiendo que me llevo conmigo algo imp-importante… para ti…

― ¿Qué quieres decir?

Desgraciadamente, la mirada del petirrojo ya había perdido toda su luz. En su rostro todavía quedaba aquella horrible sonrisa malévola que me puso los pelos de punta, aunque a medida que se fueron relajando los músculos de la cara ésta fue desapareciendo.

Mi mirada se cruzó con el cofre que había desencadenado todo aquello y, curioso, me acerqué a él para descubrir el por qué del enfado del capitán. En el interior del cofre sólo había un pequeño papel en el que se podía leer:

Ojo por ojo y diente por diente.
Verméride.


Y pensar que por algo así habían muerto dos personas…

Resignado, me guardé aquel papel en el bolsillo mientras pensaba quién podría ser Verméride, y fue entonces cuando advertí la ausencia de Jius, pero no le di demasiada importancia, pues tenía otras cosas más importantes que hacer.

Me acerqué al cuerpo sin vida de uno de los hombres de Yonhas, cogí su pala y cavé dos grandes hoyos en la tierra donde lo enterré a él y a su compañero. Después fui hasta el petirrojo, lo arrastré bien lejos de allí y lo enterré a él también. Por muy mala que sea una persona, todo el mundo merece un entierro.

Cuando acabé, me vi de pronto rodeado por todos los piratas del pueblo, con Jius a la cabeza de éstos.

― ¡Apresadle! – les gritó.

Sabía que no podía con todos y, además, mis fuerzas estaban ya muy mermadas, pero aún así desenvainé a Ybuflow a la espera de que se lanzasen a por mí, pero eso nunca sucedió. Ante la atónita mirada de Jius y mi asombro, uno a uno los hombres de Yonhas fueron arrodillándose ante mí. Al igual que en cualquier manada el macho que logra derrotar al macho alfa se convierte en el nuevo macho dominante, aquellos piratas me estaban aceptando como su nuevo capitán y, a su vez, declarándome su fidelidad.

Algo anonadado aún, mandé arrestar a Jius y volvimos al pueblo donde hice extender un comunicado urgente que debía ser llevado urgentemente a todo pirata perteneciente a la tripulación de Yonhas: por orden del capitán, todos los miembros de dicha tripulación debían poner rumbo INMEDIATAMENTE a la base de la Isla Imposible. Y así, acompañado de todos los piratas del pueblo, emprendimos rápidamente el viaje de vuelta a la isla, pues las últimas palabras de Yonhas me hacían sospechar que algo malo les pasaría a mis compañeros si no llegábamos a tiempo. Fueron los dos días más largos de mi vida.

Cuando ayer por fin llegamos a la Isla Imposible, mandé a todo el mundo a buscar a mis compañeros y traerlos a mi presencia sanos y salvos. Por supuesto, yo también participé en la búsqueda.

Por el pueblo, me encontré a Panconleche, que me puso al corriente de todo lo sucedido. Al parecer, tenían órdenes de acabar con la vida de Escarlata en mi ausencia fuese como fuese, ocultando el hecho de que eran órdenes del petirrojo y haciendo pasar el hecho como iniciativa del asesino. Afortunadamente, Aëstin no se separó ni un momento de la bruja, por lo que cuando llegó el momento pudo evitar fácilmente el asesinato. El problema fue que, tras aquel fracaso, los intentos de asesinato fueron sucediéndose cada vez con más frecuencia y virulencia hasta tal punto que Escarlata y Aëstin tuvieron que luchar contra toda la aldea hasta conseguir escapar de ella. Desde entonces los habían estado buscando sin éxito.

No lo dudé un momento. Si conocía al semidragón como creía conocerlo, éste habría llevado a Escarlata al lugar más seguro de toda la isla, aquel donde los piratas de Yonhas jamás se atreverían a mirar aunque aquello desatase la furia de su capitán: la cueva de Glowbown, la criatura contra la que se enfrentó en la tercera prueba. Dirigí rápidamente mis pasos hacia allí y, como era de esperar, cuando la criatura detectó mi presencia, salió hecha una furia a proteger su madriguera, pero la ignoré por completo.

― ¡Aëstin! ¡Escarlata! ¡Soy Eglomer! ¡Ya podéis salir! ¡No hay peligro! ¡Yonhas ha muerto! - grité.

Después de largos segundos de total silencio (hasta la bestia se había quedado callada), el semidragón y la bruja aparecieron por el hueco de la cueva, se despidieron de la criatura y, cuando llegaron a mi altura, emprendimos el camino de vuelta a la aldea mientras nos poníamos al corriente mutuamente de todo lo sucedido.

Esa misma tarde tuvimos una larga y tendida charla sobre las consecuencias que tendría la muerte de Yonhas. Al haber un vacío de poder, muchos intentarían lograr el puesto del capitán por todos los medios posibles, por lo que lo prioritario ahora era reafirmar mi posición como nuevo capitán de la tripulación y así descartar cualquier revuelta o motín. También estuvimos hablando sobre qué hacer con Jius y con el resto de piratas que, como él, no aceptaban la ideología de Arthimor, pero sobre este punto no quedó nada demasiado claro. Lo que si llegamos a aclarar fue que dejaríamos diez días para que llegasen todos los miembros de la tripulación de Yonhas y, entonces, reivindicaría mi poder como nuevo capitán y se decidiría el futuro de la tripulación. Hasta entonces, interrogaríamos a Jius e intentaríamos sacarle el máximo de información posible.

Hoy ha sido el primer día que han empezado a llegar barcos cargados de piratas de la tripulación, y aunque el ambiente está un poco tenso, no han causado ningún problema. Espero que esta paz se mantenga durante los próximos nueve días.

7 comentarios:

Kudasaru dijo...

:o:O:o:o
sa morio!!!!!
ole Eglomer q par d huevos más bien puestos q tiene! y menos mal q no se han cargado a Escarlata.
BIEEEEEEEN, KAIZOKU NO NIKKI HA VUELTOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!
:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D:D

Nemârie dijo...

Wow O.o

Menudo giro ha dado la historia en un solo post!

De estar "secuestrado" por un pirata a ser el capitán de los hombres de este...

Desde luego, lo que hace una espada con sed de sangre, eh? :P

En fin, me ha gustado :3

Besukis!

Malfuin dijo...

Genial, actualizado hace la tira de años (bueno, días) y yo sin enterarme u_u

En fin, muy bueno el giro inesperado que ha dado la historia. Está muy bien contado y es adictivo, mola mucho :3 A ver para cuando hay más :P

Un saludo!

Malfuin dijo...

...

Vale, acabo de ver que tienes la fecha de actualización en el nick, es para darme un martillazo o algo xD

Anónimo dijo...

KEMNAI
estoy leyendo un poco tarde pero esq......
se avisa de q hay novedades
esqqqqqqqq
:P
mu xuliiii
eeeehhhh
ahora solo falta q me entere de cuando pònes algo
jajajaja
:D

deeeew

Kemnai dijo...

uii
jajaja
si se poner el nombre
:$

escritores negros dijo...

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